Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco calles lánguidas, ocasos desesperados,
la lunade los suburbios maltrechos.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado
largamente a la solitaria luna.
Te ofrezco mis ancestros, mis hombres muertos, los
fantasmas a quienes
hombres vivos honraron en bronce: el padre
de mi padremuerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas
perforando sus pulmones, barbado y muerto, envuelto
por sus
soldados en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre
-de apenas veinticuatro años- a la cabeza de trescientos
hombres en Perú, ahora sólo fantasmas cabalgando
caballos inexistentes.
Te ofrezco todo el discernimiento que pueda caber en
mis libros,
toda la hombría, o el humor, en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido
leal.
Te ofrezco ese reducto de mí que de alguna forma he
salvado-
el corazón que no se trata con las palabras,
que no trafica con sueños,
y que permanece a salvo del tiempo, de la alegría, de la
adversidad.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista durante
el ocaso,
años antes de que tú nacieras.
Te ofrezco explicaciones de tí misma, teorías acerca de
ti,
auténticas y sorprendentes noticias de ti.
Puedo darte mi soledad, mi obscuridad,
el hambre de mi corazón; intento sobornarte con
incertidumbre,
con peligro, con derrota.
Traducción personalísima del segundo poema en inglés de Jorge Luis Borges.
Bitácora Accesible Gisselle
Saturday, November 11, 2006
El Camino
Miro un camino de tierra anaranjada enmarcado por la axila de una adolescente morena y el perfil de un hombre viejo que le mira los pechos insinuados debajo de la blusa.El viento suena en mi oído izquierdo y el sol me da de frente. El movimiento de la camioneta se convierte en un murmullo. Los senderos largos y rectos me dan la impresión de una inmovilidad espiral.Por las tardes hay siempre un momento triste para el que viaja. Un momento ominoso de recogimiento casi religioso que le es imposible compartir al que trae sus pertenecias en la espalda. Incluso los animales lo conocen: regresan a sus guaridas, a sus fuegos-lares-dioses. Es el momento del beso vespertino: pero no para aquel que no tiene umbral a donde volver.
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